


Cocinar en el fuego es una cosa que siempre me ha encantado, desde smores hasta pescado, pero por pura diversión y para sentirme algo aventurera. Cuando hablamos de hacer cada una de las comidas con leña es otro mundo, es un proceso lento; no vale la chispa del gas, o un botón de microondas... Y eso que yo no voy a recoger la madera. Una vez subí toda la cuesta con kilos de ramas a mi espalda que probablemente pesaban más que yo y desde entonces quedé admirada con como lo hacían todos y cada uno de los días.

Creo que por las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida no soy demasiao exigente con la comida (a pesar de que mi padre es el mejor chef que haya podido conocer). En la tribu la alimentación es bien simple, y se basa en arroz, judías y sopas de pasta acompañados de pescado o pollo cuando los haya. Lo que nunca falta es un plato de yuca en el centro, un tubérculo parecido la patata que reparten con cada comida para que acompañes y te llenes más rápido.






El otro día me paré a pensar en la última conversación que había tenido con mi madre, ya que estoy incomunicada durante estos días. Preocupada por lo que iba a vivir aquí me dijo:
- Espero que encuentres lo que estás buscando.
Y yo me pregunto, ¿qué venía buscando? Hoy lo entendí. Siempre dicen que necesitamos muy poco para ser felices; pero, ¿alguna vez realmente lo creemos? Seguimos con nuestra cómoda vida, en nuestra zona de comfort, y cuando una parte de nosotros nos invita a salir de ella nos preguntamo para qué lo haríamos. Supongo que en este caso quería demostrarme a mí misma que sí puedo ser feliz con poco y que es verdad aquello de: "no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita".